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Pasos para alcanzar el éxito a la hora de trabajar el naming

naming factor ñ

A la hora de trabajar un naming, el primer paso y más importante, es el briefing. Este documento es una pieza clave que coloca los cimientos de la marca. Es donde se recoge la información sobre el proyecto de una manera clara y validada.

El briefing incluye datos genéricos como los socios que la componen, qué productos o servicios se venden, antigüedad de la empresa o ubicación del negocio. Pero también contiene otra información más ligada a la creatividad. Como por ejemplo los adjetivos que mejor describen a la marca – si es leal, emotiva, resolutiva, apasionada… O si se identifica con alguno de los arquetipos que Carl Gustav Jung definió para las personas: si la marca es el bromista, el héroe o el rebelde de la historia que protagoniza.

Estos conceptos, más creativos, son también más cambiantes para la marca y pueden fluir de un lugar a otro. Incluso pueden mezclarse entre sí creando una personalidad única. Pero no hay que confundir este concepto con la indecisión. Es decir, queremos que nuestra marca lo represente todo a la vez para abarcar a la totalidad de las personas.

Una vez que tenemos los datos genéricos y la información aspiracional de nuestra marca, también necesitamos saber los requerimientos específicos del proyecto. Si, por ejemplo, no queremos utilizar términos en inglés en absoluto. O si, por el contrario, necesitamos usar términos y estructuras del francés o el italiano. Si necesitamos incluir alguna referencia concreta en el nombre, si ya se han trabajado otros conceptos y se han descartado. O si, por el contrario, disponemos de total libertad a la hora de crear ese nombre.

¿Qué debe tener el nombre?

Hay una serie de características que debemos tener en cuenta durante el proceso de creación del naming. El nombre debe ser positivo, tener un significado, distinguir a lo que representa, adaptarse a situaciones en el futuro, estar debidamente protegido, ser visual… Además, también tiene que cumplir unos aspectos básicos, que son ser pronunciable, atemporal y memorable.

En ocasiones, en el briefing viene especificada la necesidad de incluir una palabra o un concepto concretos en el naming. Con esto, acotamos la búsqueda del concepto idóneo pero también supone un reto, ya que las opciones se limitan más. Es algo que nos ha ocurrido en varias ocasiones, como trabajando el naming de Fundalogy (donde el término FUNDACIÓN debía estar presente). O el de Crismonity (una marca de joyas que debía incluir el concepto Crismón en su interior).

A veces ocurre que el nombre está ya dentro del propio briefing y solo hay que aislarlo para encontrar que representa al proyecto de forma perfecta. Esto nos ocurrió con Brigada Antiacoso (un precioso proyecto para conseguir erradicar el acoso infantil) . También con Obvia (un proyecto de arquitectura, interiorismo y asesoramiento legal y financiero que quería trasladar lo claro y fácil que era el proceso de la inversión inmobiliaria).

En naming, no funciona el DIY

A la hora de ponerle nombre a las cosas, es fácil caer en la tentación y afirmar que es un trabajo que se puede hacer sin ayuda. Esto es, en realidad, un error. El naming es la base sobre la que se va a sustentar gran parte de la comunicación de la marca. ¿Qué quiere decir esto? Que el logotipo, la forma de hablar, el diseño del local, la página web y todo lo que gira en torno al proyecto va a crearse a partir de ese nombre.

Por tanto, no estamos ante una tarea sencilla que pueda solucionarse en una tarde. Debe ser una decisión meditada, estudiada y analizada siempre en perspectiva con las metas, la competencia y el desarrollo que vaya a tener el proyecto.

Por otro lado, y como hemos mencionado en nuestro post anterior, el nombre no es toda la marca, aunque sí parte de ella. Así, afirmar “sabré que es el adecuado cuando lo oiga” es otro error. El nombre es, en efecto, las raíces de una marca pero no es todo lo que se ve. Solo es lo que lo sustenta. Hay que abrir la mente y buscar ese nombre que cumple con unos requisitos básicos – es sonoro, es visual, es memorable, tiene significado – y que da juego para construir una marca.

Si te asalta la tentación de trabajar tú mismo el naming, piensa que no eres el único que debe juzgarlo. El nombre debe elegirse en función del público al que nos dirigimos. No debe adaptarse solamente a los gustos o necesidades que tú, como impulsor del proyecto, tienes en mente. Por no hablar de las dificultades técnicas que supone la comprobación de la viabilidad de cada nombre, tanto en el Registro de la OEPM como en los registros de dominios web y redes sociales. De cada proceso de creación, al menos el 70% de las propuestas a las que llegamos se acaban cayendo a mitad del proceso por existir otras marcas con nombres iguales o parecidas.

Pero esto no deja de ser un aventura alucinante que nos encantaría compartir contigo. No hay que nos motive más que ver nacer, crecer y florecer tu marca con un poquito de Factor ñ. ¡Escríbenos para contarnos tu proyecto!


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